Chichén Itzá
En 2018, durante el concierto de Armando Manzanero en Chichén Itzá, la Pirámide de Kukulkán se convirtió en un lienzo vivo mediante un videomapping creado por Luis Ramírez. La obra hiló memoria íntima y patrimonio: un huipil heredado de su familia surgía en texturas y bordados que “respiraban” sobre la piedra, mientras un gigantesco pájaro Tóh cruzaba la fachada como guía simbólico de la noche. Entre urnas de fuego que marcaban el pulso del recinto, las canciones de Manzanero activaban transiciones coreografiadas de luz y sombra: del amanecer maya al brillo contemporáneo, de la caricia del telar al vuelo de la fauna sagrada. La pieza celebró a Yucatán desde lo personal hacia lo colectivo, y selló una velada donde música, ritual y tecnología dialogaron frente a El Castillo: una gran noche de identidad y asombro.